Antropología del cuerpo en Hable con ella de Pedro Almodovar: deseo y estado de coma

¿Es Alicia un cuerpo indiferente? ¿Un cuerpo desierto de la mujer que encarnaba? ¿O bien Alicia permanece bajo otra apariencia? Vista con los ojos de Benigno, Alicia no está separada ontológicamente de su propio cuerpo. En su cuerpo inconsciente permanece el ser único que es Alicia, su identidad inalienada. Y Benigno lo ha entendido mejor que nadie y ha aceptado el nuevo estado en el que se encuentra su amada, como una continuación de su estado de salud anterior al accidente, un estado y una disposición diferentes pero que se manifiestan en una única e ineludible persona que permanece y liga su historia a la materialidad de su cuerpo y de sus cosas.

En Anthropologie du corps et modernité (2008 ), David Le Breton afirma que en las sociedades holistas, el cuerpo es unificador, une el hombre al grupo y al cosmos a través de un tejido de correspondencias (página 36). En este contexto, la “vida” de Alicia en la habitación de la clínica está ligada a las cosas que la rodean y que la representan: su velador, el libro que estaba leyendo antes de accidente, sus Cds, una fotografía enmarcada de una bailarina que simboliza su pasión por el ballet, etc.; y por supuesto a Benigno, que constituye su relación con el mundo exterior a través de la narración de las películas que éste ve en la filmoteca, de los espectáculos, de sus actividades y de sus proyectos.

En otro pasaje significativo, Le Breton sostiene que el cuerpo es similar a un campo de fuerzas en resonancia con todo lo que se le acerca (página 120). El cuerpo de Alicia está ligado a todas las demás cosas como en una red y a veces nos parece que el movimiento de las cosas y de Benigno invadieran el cuerpo inmóvil y silencioso de Alicia haciéndolo partícipe de una cotidianeidad movimentada y dialógica.

Pero no es solo Benigno a hablar, no se trata de un monólogo a secas. El cuerpo de Alicia “habla”, se manifiesta en su belleza, en el pelo y las uñas que siguen creciendo, en sus pechos que también crecen, en sus labios rojos y sensuales, en su rostro de color saludable y en todas las funciones biológicas que están preservadas, incluso la capacidad de procrear.

El cuerpo de Alicia nos trasmite frescura, es expresivo de su juventud y de los cuidados que recibe de la mano de Benigno. Cuidados que van mas allá de la simple operación de aseo y cambios de posturas, previstas por el personal de enfermería. Cuidados que consisten principalmente en la comunicación de su afecto a través de las caricias, los masajes, la narración de sus actividades y de las historias que Benigno ve en el cine. Porque la “vida” de Alicia está aferrada al deseo, a la convicción que Benigno tiene de su vuelta a la consciencia, de su despertar… Después de todo, también el doctor en la clínica afirma que el “no es quien” para impedir a los demás de creer en los milagros…

Pero aquí no se trata de milagros, no hay ninguna vuelta de tuerca mística prevista, si no un amante capaz de mantener vivo un cuerpo que otros creen “muerto”, el de su amada; recordemos el mismo doctor cuando explica a Marco que el cerebro de un enfermo en estado vegetativo persistente “está apagado”, y también Marco cuando reprocha a Benigno que a la vida vegetativa “no sabemos si podemos llamarla vida”.

Pero volvamos al tema del presunto monó- logo. El lenguaje de Alicia no es un lenguaje de la consciencia, ni de la lógica gramatical, el lenguaje de Alicia está en la semántica de la encarnación misma, en la carne que “dice” que ella está bien (al contrario de Lydia que “no está bien”, “tiene la piel sequita” y “se le ha retirado la regla”), el pecho abundante de Alicia, varias veces en primer plano, es la clave de su salud, de su femineidad encarnada, nos atrae y nos seduce como seduce a Marco, que reconoce frente a Benigno, no poder evitar mirar visto que “cada día tiene más”.

El lenguaje de Alicia es mudo y ciego, como el espectáculo de Pina Bausch que abre la película es expresión pura del cuerpo. Es mudo como el cine que le encantaba y que había descubierto antes del accidente y como el que le cuenta Benigno desde que está en la clínica; es mudo como la danza presentada en el espectáculo que cierra la película, donde el cuerpo de una mujer se expresa limitadamente entre los brazos y las manos de otros, donde toda la expresividad de la danza se concentra en el respiro amplificado por el micrófono.

1 comentario »

  msolecordoba wrote @ Abril 24, 2008 at 6:55 pm

El texto precedente constituye la conclusion de un análisis personal de la película Hable con ella de Pedro Almodovar, realizado para el curso del profesor Francisco Villanueva “Le corps filmé: la realité, l’immaginaire et les doubles” en el marco del posgrado en filosofía de la Université Lyon 3

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