Siempre se vuelve a Buenos Aires

Después de casi cinco años de ausencia de mi país natal, he decidido viajar a la Argentina. Un viaje sin planificación, surgido con el ímpetu y la urgencia de lo necesario. Quién sabe qué efecto me hace arremeterme en ese caos que es la vida de la gente de allá, después de todo este tiempo en que Europa me acostumbró a lo previsible y al orden de las sociedades organizadas.

Sea como fuere, no pude resistir a esa nostalgia que me sorprendió haciendo otras cosas, y me recordó quien fui, cuánto uno puede alejarse de allí de donde viene, del punto en donde surge esa vida única e irrepetible que es la propia y que la actividad humana tal cual está organizada, tiende a fundir con todas las otras, en una especie de magma humano, homologado por la TV-cultura y la legislación internacionales.

Volver a ver Buenos Aires es afirmar ese capricho de individuo, de singularidad; es rechazar esa tendencia al “igualitarismo” de las mentes y de las almas; es desplegar al viento esa certeza que Eladia Blazquez puso tan bien en palabras Yo soy de aquí, de otro lugar no puedo ser, me reconozco en la costumbre de volver, a reencontrarme en mí, a valorar después, las cosas que perdí, la vida que se fue…

Quién sabe cuántos reproches y cuántos abrazos voy a encontrar, nada será igual después, lo presente tendrá ese tinte de pasado; no se si para bien, no se si para mal, volver tiene la magia de un ritual…

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