Felipe de Buenos Aires

Durante la tarde parisina del 29 de junio, murió Felipe de Buenos Aires. Aquellos que lo conocieron pueden entender mi tristeza.
Felipe nació en el barrio porteño de Villa Crespo y cuando lo adoptamos era un flaco saco de pulgas con dos mechones de pelo que le salian por las orejas.
Felipe era introvertido, casi ni maullaba, como si fuese algo inútil, o primitivo, su personalidad era imponente. Su vida estuvo marcada por los viajes: se fue de vacaciones a la costa atlántica en tren, tranquilísimo en su jaulita siendo el único gato entre tantos perros que ladraban histéricos en el vagón de carga. De Buenos Aires cruzó el charco y vivió más de siete años en Bolzano, primero en via Firenze y después en via Castel Flavon. En auto cruzó la frontera hacia Francia (ya con pasaporte europeo) y vivió dos años en Lyon en rue Duguesclin. En París vivió los últimos 3 años de su vida, mirando el pasaje de gente y autos de rue St. Ouen.
Murió a causa de una enfermedad renal que iba empeorando con el tiempo y que terminó por paralizar sus riñones. En una clínica veterinaria del 17e arrondissement Antonio lo acarició hasta que, como si se durmiera, simplemente dejó de respirar.

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