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Belleza sin comentarios

Ganas de un tiempo oblicuo

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Te diré de lo que tengo ganas:

tiempo, tiempo en dedos que se cruzan

dejar que transcurra en nosotros un tiempo oblicuo

dejar que se mezclen las cosas alrededor, y se confundan

dejar que los cuerpos se vuelvan sal, o arena,

tiempo de cristales en talones

heridas que se vuelvan risas

soles que floten en paralelas infinitas

Qué soy que no sepas que fui?

Y te daré lo mejor de mí

Y vengaremos toda distancia.

La idea, la mujer y el sueño

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Por muy bien condicionado que esté, el equilibrio del espíritu es siempre relativo. El espíritu apenas se atreve a expresarse y, caso de que lo haga, se limita a constatar que tal idea, tal mujer, le hace efecto. Es incapaz de expresar de qué clase de efecto se trata, lo cual únicamente sirve para darnos la medida de su subjetivismo. Aquella idea, aquella mujer, conturban al espíritu, le inclinan a no ser tan rígido, producen el efecto de aislarle durante un segundo del disolvente en que se encuentra sumergido, de depositarle en el cielo, de convertirle en el bello precipitado que puede llegar a ser, en el bello precipitado que es. Carente de esperanzas de hallar las causas de lo anterior, el espíritu recurre al azar, divinidad más oscura que cualquiera otra, a la que atribuye todos sus extravíos. ¿Y quién podrá demostrarme que la luz bajo la que se presenta esa idea que impresiona al espíritu, bajo la que advierte aquello que más ama en los ojos de aquella mujer, no sea precisamente el vínculo que le une al sueño, que le encadena a unos presupuestos básicos que, por su propia culpa, ha olvidado? ¿Y si no fuera así, de qué sería el espíritu capaz? Quisiera entregarle la llave que le permitiera penetrar en estos pasadizos.

André Breton, Primer manifiesto surrealista.

Todos los fuegos, mi fuego.

Volcán de pasiones

estoy a punto de explotar.

Yo, diosa de amores trágicos

y teñidos de melancolía

sobrevolando crepúsculos

llegaré al final de mis días

habiendo dejado quién sabe

cuántos sueños incumplidos

pero teniendo el corazón repleto

de heridas y de sonrisas

y no podré negar

haber amado

hasta la última de mis células

hasta la última de mis esperanzas

porque esos dioses habitan en mí

como el aire en esta tierra

imprescindible armonía

guardián de la vida toda

invisible circulación sanguínea.

No me pidas más que esto nena, no me pidas más.

Seguramente estaría esperándome ahora, sentada sobre sus nobles piernas cruzadas, sobre la cama media deshecha, mirando el estampado de las sábanas limpias. Aguardaría hasta sentir mis zapatos, zumbando una búsqueda precisa, quizás hasta muy tarde, hasta que decline su libido imperfecta de espera ansiosa, y se recueste casi dormida, y se deje llevar por el sueño más allá de su desesperación.
Ya se habría cepillado el cabello, aún cuando cree que peinarse en la cama trae inmediata mala suerte, aún cuando sabe que será su consuelo, justificando mi ausencia.

Y yo con esta náusea, algo intentando una salida de mí mismo, como en este caminar noctámbulo, acusando quién sabe qué tremendas verdades que no puedo extender a mi vida de ciudadano demócrata, acosado por las normas vigentes. Y no padecer la salivación previa a la expulsión, sólo una eternización de esta náusea que siento profunda. Puras similitudes con un asma crónico, sacando mecánicamente el ventolín del bolsillo, aspirando el químico que alivia el ahogo, la sensación de ser ahorcado por una mano interna, apretando la faringe y los bronquios. Qué carajos busco? Ni siquiera sabría definirlo, pero hay una exigencia de exaltación que me obsesiona.

Se que solo tendría que llegar hasta su cama, verla todavía intacta de pijama de razo y tenderme a las caricias de almendras de su pelo. Se que pasaría este malestar, que luego podría enderezarme y volcarme sobre su tenue contorno, recorrerlo, penetrarlo en el punto preciso en que sabe recibirme. Ella sabe esconderme de mí, y del mundo.

Se que dormiría hasta el otro día, quizás sin temer pesadillas confusas, desayunaría proteicamente por su consejo y saldría a la calle con la sensación de haberme olvidado algo en su casa. Conozco esta sensación, es un presagio que no tardará en atraparme vulnerable, susceptible a la calamidad.

Pero por qué habría de involucrarla en este padecimiento, por qué debo culparla de no ver mi angustia por todo aquello que resuelto en la vida, no es más que vestidos de una sociedad hipócrita. Lamento no poder corresponder su inquietud cotidiana, pero… y esa serenidad? Y esa sonrisa perfecta? Y esos ojos inconmensurables? Y esos pechos de miel?

Por qué no saber esto antes, por qué desearlo para remorderme de angustia luego, por qué sabiéndolo me empecino en disimular la crueldad de mi egoísmo. Si casi no veo lo que pasa en rededor, para qué desear quitarme el maldito velo de los ojos. Nada indica que me sentiría mejor, mañana es un consuelo de mi imaginación estúpida, consuelo de mejor ventura, ansiados descubrimientos de realidades paralelas. Estoy inquieto. Marginando mis instintos me siento vulnerable a la sed cotidiana. Deshojo margaritas bajo una lluvia de cartas españolas mientras te escucho gritar mi nombre; se que te pierdo, te pierdo por mi estúpida soberbia, por el miedo mayor, el miedo a lo inexorable. Como a Atropos te temo porque en tu abrazo terminan todas las posibilidades.

Anhelos de mi guitarra (de cuando se enamoró de un guitarrista que le quitó el brillo a sus cuerdas)

Mis acordes suenan mal

a mi guitarra no le gustan mis manos.

Hubo un tiempo en que esa pobre sonó

como la mejor de entre todas,

y su puente se transformaba en sonrisa

y sus cuerdas en pequeñas guirnaldas,

dos soles distintos eran su cuerpo

joven tallo de nogal, diapasón y clavijero.

Trato de consolarla inútilmente

su vacío es cada vez más sonoro.

Hoy me asomé por su boca

con el afán de aliviarla.

Había un río de fantasías que danzaban

(paisajes de un anhelo de amor vehemente)

Encontraremos otras manos, le dije.

Ya no soy más que tiempo, me contestó.

Hilvanes (entre él y yo había un detalle infinito)

Estoy cosiendo pedazos de mí

restos de tu pasaje fugaz y explosivo

hay partes que parecen irrecuperables

temo deber lucir por siempre esas faltas.

Hilvano como buen sastre

antes de costura definitiva

pero las pruebas no son nunca

satisfactorias.

Luzco entonces disfraces

camuflajes de mi desnudez

esperando algún día terminarme

y poder, hermosamente, volver a vestir de mí.

Estados de ánimo de una mujer filósofo

Precipitando en un vacío interminable, lo actual se impone, exige decisión, acción. Paradójicamente yo persevero en este estado de apatía. Nada que me verdaderamente me distraiga de esta resignación infame. Solo pasatiempos, agradables a veces, obligados y patéticos otras.

Y seguir en esta valle de lágrimas, donde las religiones y los humanismos se mezclan a los actos más abominables y constatar que por los siglos de siglos, el hombre se empecina en alienar las conciencias, en obstaculizar la paz, en criminalizar la tolerancia y el respecto por la naturaleza.

Solo esperanzas, infundadas a veces, engañadoras, otras.

Alcanzando una sabiduría inútil, un abismo se me abre en el alma, ya comprender y tolerar la idiocia es cada vez mas difícil. Se que Hannah Arendt encontraría discutible esto, pero cualquier acción me aparece ínfima e insuficiente frente a tanto degrado.

Y después de todo, por qué pretender que las cosas cambien? Acaso no es la verdad del Geist la que debería imponerse en la historia?

La felicidad es lo que todos buscamos, afirma Aristóteles, la cuestión sería saber de qué se disfraza. Solo la duda existe según Protagoras, a veces infinita, insalvable otras.

Entre ángeles y humanos la picazón de la duda

Pregunta: Qué es lo contrario de la fe?

No es descreimiento, excesivamente definitivo, cierto, terminante. En sí es una especie de creencia.

La duda.

En la condición humana; pero y en la angélica? A medio camino entre Aladiós y el homosap, dudaron alguna vez? Sí, un día, desafiando la voluntad de Dios, se escondieron debajo del Trono para murmurar, osaron preguntar cosas prohibidas: antipreguntas. Así es. Libertad, la vieja antipesquisa. El los calmó, naturalmente, utilizando artes empresariales a lo divino. Los halagó: vosotros seréis los instrumentos de mi voluntad en la tierra, de la salvacondenación del hombre y demás, etcétera. Y, en un abrir y cerrar de ojos, fin de la protesta, adelante con las aureolas y vuelta al trabajo. A los ángeles se les apacigua con facilidad, conviértelos en instrumentos y tocarán la música que quieras. Los humanos son más duros de pelar, todo lo dudan, incluso lo que está delante de sus propios ojos. Y detrás de sus ojos. Aquello que, cuando les pesan los párpados, desfila por dentro…los ángeles lo que se dice mucha voluntad no tienen. Voluntad es discrepancia; no sumisión; disensión.

Salman Rushdie, Los versos satánicos.

Cuando nos nacen

Homogéneo mundo perdido

Absorta memoria de hojalata

Corta. Infecta. Mata

Asumo mi poder simbólico

Llevo mi carga

sobre espaldas vencidas

Alguna vez supe que sería demasiado triste

tanto escondrijo adrede y

dónde estará mi verdad?

Subo escaleras de peldaños gastados

resbalosos

no creo que ayude tu piel abrigo

De todos modos, nadie pregunta

cuando nos nacen

si queremos tomar frío

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