Archivos para General
Entre ángeles y humanos la picazón de la duda
Pregunta: Qué es lo contrario de la fe?
No es descreimiento, excesivamente definitivo, cierto, terminante. En sí es una especie de creencia.
La duda.
En la condición humana; pero y en la angélica? A medio camino entre Aladiós y el homosap, dudaron alguna vez? Sí, un día, desafiando la voluntad de Dios, se escondieron debajo del Trono para murmurar, osaron preguntar cosas prohibidas: antipreguntas. Así es. Libertad, la vieja antipesquisa. El los calmó, naturalmente, utilizando artes empresariales a lo divino. Los halagó: vosotros seréis los instrumentos de mi voluntad en la tierra, de la salvacondenación del hombre y demás, etcétera. Y, en un abrir y cerrar de ojos, fin de la protesta, adelante con las aureolas y vuelta al trabajo. A los ángeles se les apacigua con facilidad, conviértelos en instrumentos y tocarán la música que quieras. Los humanos son más duros de pelar, todo lo dudan, incluso lo que está delante de sus propios ojos. Y detrás de sus ojos. Aquello que, cuando les pesan los párpados, desfila por dentro…los ángeles lo que se dice mucha voluntad no tienen. Voluntad es discrepancia; no sumisión; disensión.
Salman Rushdie, Los versos satánicos.
Por qué se marchó Gibreel?
Tres días después de que él, con la boca llena de comida impura, la conociera, Allie subió a un avión y se fue. Tres días fuera del tiempo, detrás de un letrero de “no molesten”, pero al final ambos acordaron que el mundo era real, que lo que es posible es posible y lo que no, imposible; encuentro fugaz, barcos que se cruzan, amor en una sala de tránsito. Cuando ella se fue, Gibreel descansó, trató de cerrar los oídos a su desafío y decidió regresar a su vida normal. La sola circunstancia de haber perdido la fe no significaba que no pudiera hacer su trabajo y, a pesar del escándalo de las fotos de la comida del jamón, el primer escándalo vinculado a su nombre, firmó contratos de películas y volvió al trabajo.
Hasta que, una mañana, una silla de ruedas se quedó vacía sin él. Un pasajero con barba, un tal Ismail Najmuddin, embarcó en el vuelo AI-420 con destino a Londres. EL 747 había recibido el nombre de uno de los jardines del Paraíso, no Gulistan, sino Bostan. “Para volver a nacer -diría mucho después Gibreel Farishta a Saladin Chamcha- antes hay que morir. Yo expiré solo a medias, pero en dos ocasiones, en el hospital y en el avión; por lo tanto, suma y sigue. Y ahora, Bobito, amigo mío, aquí me tienes, en el mismo Londres, Vilayet, regenerado, un hombre nuevo con una vida nueva. Bobito, no es de puta fábula?
Por qué se marchó Gibreel?
Por ella, por su desafío, por la novedad, por la fiereza de los dos juntos, por lo inexorable de un imposible que reivindica su derecho de ser.
Salman Rushdie, Los versos satánicos.

